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Qué ocurre en tu cerebro cuando bailas

  • 6 jul
  • 5 min de lectura

Cuando aprendes una coreografía, sucede mucho más que memorizar una secuencia de pasos. Cada clase pone en marcha procesos relacionados con la memoria, la atención, la percepción, la coordinación, la emoción y la toma de decisiones. Con cada ensayo, el cerebro organiza la información, crea nuevas conexiones y fortalece las que ya existen. Ese proceso explica por qué un movimiento que al principio requiere toda tu atención acaba apareciendo con naturalidad.


La danza representa una de las actividades más completas desde el punto de vista cognitivo. Aprender una coreografía implica escuchar la música, observar el movimiento, orientarte en el espacio, coordinar distintas partes del cuerpo, adaptarte al ritmo y expresar una intención. Todo ocurre al mismo tiempo. Diversos estudios muestran que bailar activa redes relacionadas con la memoria, la planificación del movimiento, la percepción y la regulación emocional, favoreciendo un entrenamiento muy completo del cerebro.


Cada ensayo fortalece el aprendizaje

El cerebro aprende mediante la experiencia. Cada repetición deja una huella que facilita recuperar ese aprendizaje en el futuro. Eric Kandel, premio Nobel de Fisiología o Medicina, demostró que aprender produce cambios en las conexiones entre neuronas y que esos cambios constituyen la base biológica de la memoria.

Eso significa que cada ensayo cuenta.

Cada corrección también.

Cada vez que vuelves a practicar una secuencia, el aprendizaje gana estabilidad.

A finales del siglo XIX, Hermann Ebbinghaus llegó a una conclusión que sigue plenamente vigente: la repetición distribuida a lo largo del tiempo favorece un aprendizaje mucho más sólido que concentrar toda la práctica en una única sesión. Si alguna vez has sentido que una coreografía "aparece" después de varios días, has vivido este proceso.


Aprender una coreografía implica mucho más que recordar pasos

En danza solemos hablar de memoria corporal. Desde la psicología, este fenómeno se explica principalmente a través de la memoria procedimental, el sistema responsable de aprender habilidades mediante la práctica.

Caminar.

Conducir.

Escribir.

Montar en bicicleta.

Bailar.

Todas estas acciones pertenecen a este tipo de memoria. Después de suficiente práctica, el movimiento fluye con mayor facilidad porque el cerebro ha automatizado gran parte del proceso.

Por esa razón, una bailarina ya experimentada dedica más atención a la interpretación, la musicalidad o la presencia escénica que a recordar el siguiente paso.


La emoción también participa en el aprendizaje

Cada experiencia deja una huella diferente. Los aprendizajes asociados a una emoción intensa, a una vivencia significativa o a una experiencia repetida suelen consolidarse con mayor facilidad.

Craik y Lockhart explicaron que la calidad del aprendizaje depende del nivel de procesamiento que recibe la información. Cuando un movimiento tiene significado, conecta con experiencias previas y forma parte de una práctica activa, la memoria alcanza una mayor estabilidad.

En danza esto ocurre continuamente. Una coreografía representa mucho más que una secuencia técnica. También integra música, intención, espacio, compañeras, sensaciones y experiencias vividas durante el proceso creativo.


¿Por qué una canción puede despertar una coreografía?

Uno de los ejemplos más conocidos es el de Marta González Saldaña, exbailarina profesional con enfermedad de Alzheimer. Al escuchar El lago de los cisnes de Chaikovski, comienza a reproducir parte de la coreografía que había interpretado durante su carrera.

Esta escena emociona, pero también ayuda a comprender cómo funciona la memoria.

El psicólogo Endel Tulving propuso la hipótesis de la especificidad de la codificación. Según esta teoría, los recuerdos aparecen con mayor facilidad cuando las claves presentes durante la recuperación se parecen a las que existían durante el aprendizaje.

En el caso de Marta, la música actuó como esa clave.

Durante años, esa melodía formó parte de ensayos, clases y representaciones. Al volver a escucharla, activó un aprendizaje profundamente consolidado.



Estrategias para aprender una coreografía con mayor facilidad

La investigación sobre memoria y aprendizaje ofrece herramientas muy útiles que también puedes aplicar en tus clases.

1. Practica varias veces a lo largo de la semana

El cerebro consolida mejor la información cuando distribuyes la práctica en varios días.

2. Relaciona cada movimiento con una intención

Una emoción, una imagen o una historia ayudan a crear conexiones más profundas.

3. Explica la coreografía con tus propias palabras

Cuando describes una secuencia, organizas mejor la información y fortaleces el recuerdo.

4. Visualiza antes de bailar

Imaginar el movimiento activa parte de las mismas redes cerebrales que participan durante la ejecución.

5. Escucha la música fuera de clase

La música también forma parte del aprendizaje. Escucharla mientras caminas o descansas ayuda a reforzar la asociación entre sonido y movimiento.

6. Alterna práctica y descanso

El cerebro también consolida el aprendizaje durante los periodos de descanso y durante el sueño.

7. Disfruta del proceso

La curiosidad, el interés y la implicación personal favorecen un aprendizaje más sólido que la repetición automática.


Cada clase deja una huella

Como profesora, muchas veces observo que una alumna necesita tiempo para integrar una coreografía. Con el paso de las semanas, ese mismo movimiento aparece con fluidez y seguridad. La neurociencia ayuda a comprender por qué ocurre.

Cada ensayo fortalece conexiones.

Cada experiencia amplía el aprendizaje.

Cada coreografía construye nuevas redes en el cerebro.

Quizá esa sea una de las razones por las que bailar deja una huella tan profunda. La danza desarrolla técnica, expresión y creatividad. Al mismo tiempo, entrena la memoria, la atención, la coordinación y la capacidad de aprender durante toda la vida.


Si te interesa seguir profundizando...

Si estos temas despiertan tu curiosidad y te apetece entender mejor cómo aprende el cerebro cuando bailamos, aquí tienes algunos libros que me parecen especialmente interesantes. Algunos son muy divulgativos y otros profundizan más en la neurociencia, la memoria o el movimiento.


  • Eric R. Kandel – En busca de la memoria. Un recorrido por la historia de la memoria y los grandes descubrimientos de la neurociencia, escrito por un premio Nobel.

  • Antonio Damasio – El error de Descartes. Explica la relación entre el cerebro, las emociones y la toma de decisiones.

  • Norman Doidge – El cerebro se cambia a sí mismo. Una introducción muy accesible a la plasticidad cerebral y a la capacidad del cerebro para adaptarse y aprender.

  • Oliver Sacks – Musicofilia. Reúne historias fascinantes sobre la relación entre la música, el cerebro y la memoria.

  • Peter Lovatt – The Dance Cure. Analiza cómo la danza influye en el cerebro, las emociones y el bienestar desde la psicología y la neurociencia.

  • Eric Franklin – Dynamic Alignment Through Imagery. Muy recomendable para comprender cómo las imágenes mentales mejoran el movimiento y el aprendizaje corporal.

  • Bonnie Bainbridge Cohen – Sensing, Feeling and Action. Un referente para entender la relación entre anatomía, percepción y movimiento.

  • Marcia B. Siegel (ed.) o Helen Payne (ed.) – Dance Movement Therapy: Theory, Research and Practice. Una buena puerta de entrada al campo de la danza movimiento terapia.

  • Martha Eddy – Mindful Movement. Une neurociencia, anatomía, educación somática y movimiento.


Y, si prefieres artículos científicos, puedes buscar trabajos de Eric Kandel, Endel Tulving, Larry Squire, Antonio Damasio o Peter Lovatt. Sus investigaciones ayudan a comprender por qué bailar representa mucho más que aprender una secuencia de pasos.

 
 
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