Arquetipos en acción: Lilith como función corporal, no como mito
- Maria Scara

- 4 days ago
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El estudio de los arquetipos suele quedar circunscrito al análisis literario o a enfoques simbólicos desligados de la experiencia física. Para comprender la fuerza de Lilith, el foco se desplaza desde la narrativa ancestral hacia la fisiología humana. Lilith opera como una respuesta nerviosa, una activación endocrina y una urgencia biológica orientada a la autonomía.
Carl Gustav Jung definió los arquetipos como disposiciones psíquicas universales que organizan la experiencia y la conducta. Desde esta perspectiva, Lilith actúa como una pauta psicobiológica que emerge cuando la coherencia del organismo entra en tensión con el entorno. Su expresión acontece en el cuerpo antes de adquirir forma conceptual.
El impulso primario: función de ruptura
En la arquitectura psíquica, Lilith encarna la función de ruptura. Mientras otros arquetipos sostienen la adaptación social, la continuidad o la pertenencia, esta fuerza introduce una reorganización inmediata de la conducta. Su aparición genera claridad motora y dirección precisa.
Wilhelm Reich observó que el impulso vital, al encontrar resistencia prolongada, intensifica su carga hasta producir una reorganización corporal. Lilith responde a este principio: actúa como una descarga que restablece el flujo cuando la presión supera la capacidad de contención del sistema.

Esta función se articula a través del sistema nervioso autónomo y se vincula con la activación del eje hipotalámico-pituitario-adrenal ante estímulos que comprometen la soberanía individual. La respuesta resultante pertenece al repertorio primario de supervivencia. Peter Levine describe estas activaciones como impulsos biológicos orientados a completar acciones de protección interrumpidas.
Dinámica somática de la soberanía
La manifestación corporal de Lilith se organiza en tres procesos físicos específicos:
Liberación diafragmática
El impulso de autonomía emerge en el diafragma. La respiración adopta amplitud y dirección, optimizando el intercambio de oxígeno y sosteniendo la acción decidida. Alexander Lowen señaló la disponibilidad respiratoria como base de la afirmación corporal y del posicionamiento en el espacio.
Tono muscular organizado
El cuerpo establece un tono preciso alrededor del eje. Esta organización sostiene la bipedestación plena y permite ocupar el espacio con estabilidad y presencia. La estructura tónica actúa como una declaración física de soberanía.
Agudeza propioceptiva
Lilith afina la percepción interna. El organismo registra la congruencia o disonancia del entorno a través de señales sensoriales inmediatas: ajustes posturales, variaciones térmicas y respuestas cutáneas. Antonio Damasio conceptualiza estos registros como marcadores somáticos que orientan la acción con rapidez y eficacia.
Operatividad biológica
Lilith funciona como una clave de lectura somática. Describe la capacidad del organismo para ejecutar acciones de preservación: el desplazamiento estratégico, la emisión vocal con intención delimitadora y la reorganización consciente del espacio personal.
Peter Levine sostuvo que el cuerpo femenino alberga una inteligencia propia que se activa cuando la vida psíquica se alinea con la experiencia corporal. Desde esta mirada, Lilith actúa como una fuerza reguladora que restituye el eje interno desde el cual el vínculo adquiere forma y consistencia.
La integración de estos procesos permite reconocer a Lilith como una función que protege la coherencia interna. Cuando esta fuerza se encarna, el cuerpo actúa desde una soberanía estable, concreta y verificable. del cuerpo cuando la realidad física del individuo se impone como prioridad frente a estímulos externos.



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