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  • Sensualidad y erotismo a partir de los 40: una nueva relación con el cuerpo

    A partir de los 40, muchas mujeres sienten que su relación con el cuerpo empieza a transformarse. Cambia la piel, la musculatura, la distribución del peso, la energía, el ciclo menstrual y, en algunos casos, también la manera de vivir el deseo. Junto a estos cambios aparece una pregunta íntima: ¿cómo me relaciono con la mujer que soy ahora? Esta etapa puede abrir una revisión profunda de la sensualidad. Durante años hemos aprendido a asociarla con la juventud, con determinadas formas corporales y con la aprobación externa. La madurez permite explorarla desde otro lugar: la presencia, la experiencia, la percepción, el deseo propio y la capacidad de habitar el cuerpo con mayor conciencia. El cuerpo tiene memoria, matices y una historia. Cada gesto contiene lo vivido y también la posibilidad de expresarse de una manera nueva. Qué sucede con la autoimagen después de los 40 La autoimagen es la representación mental que construimos sobre nuestro cuerpo. Incluye la forma en que creemos que somos, cómo imaginamos que nos ven otras personas y el valor que atribuimos a nuestra apariencia. Esta imagen se forma a través del espejo, los comentarios recibidos, las relaciones, las fotografías, las experiencias sexuales y los modelos femeninos que hemos visto desde pequeñas. Por eso, nuestra percepción corporal contiene elementos personales, familiares, culturales y sociales. A partir de los 40 pueden aparecer cambios en la piel, el abdomen, el pecho, el suelo pélvico, el cabello o la masa muscular. La perimenopausia y la menopausia también pueden influir en el descanso, el estado de ánimo, la lubricación, la sensibilidad y el deseo sexual. Cada mujer atraviesa este proceso de una manera particular. Ante estas transformaciones, la mirada puede volverse exigente. El espejo empieza a concentrarse en zonas concretas: aquello que ha cambiado, lo que resulta menos familiar o lo que se aleja del ideal aprendido. El cuerpo queda dividido en partes sometidas a evaluación. Esta mirada influye en la postura, en la forma de vestir, en el movimiento, en la relación con la desnudez y en la facilidad para recibir una mirada. También puede reducir la conexión con el placer, porque gran parte de la atención se dirige hacia la apariencia exterior. El trabajo corporal propone ampliar esa mirada. El cuerpo vuelve a percibirse como una totalidad capaz de sentir, moverse, crear y comunicarse. Autoimagen y autoconcepto La autoimagen se centra especialmente en la percepción del cuerpo. El autoconcepto abarca una dimensión más amplia: lo que pensamos sobre nuestra identidad, nuestras capacidades, nuestro valor y el lugar que ocupamos en el mundo. Muchas mujeres han construido gran parte de su identidad alrededor del trabajo, los cuidados, la maternidad, la pareja o las necesidades de otras personas. Al llegar a los 40, algunas de estas funciones cambian y surgen preguntas importantes: ¿Quién soy en esta etapa?¿Qué deseo?¿Qué partes de mí necesitan espacio?¿Cómo quiero vivir mi cuerpo y mi sexualidad? La sensualidad participa en esta revisión porque toca aspectos profundos de la identidad. Sentirse sensual va mucho más allá de resultar atractiva. Implica reconocerse como una mujer con deseo, capacidad de elección, placer, creatividad y presencia. La comprensión intelectual constituye una parte del proceso. El cuerpo también necesita experiencias que le permitan integrar una percepción distinta. El movimiento puede crear esas experiencias. El erotismo en la madurez El erotismo nace de la capacidad de percibir, imaginar, desear, jugar, crear tensión y responder a aquello que nos conmueve. Puede expresarse en la sexualidad, en la danza, en la voz, en la forma de caminar, en una mirada, en la ropa o en la relación con los sentidos. A partir de los 40, el deseo puede adquirir otros ritmos. En ocasiones necesita más tiempo, descanso, intimidad, seguridad, curiosidad o estimulación. Conocer estas condiciones permite construir una relación más precisa con el placer. La madurez también puede desplazar el centro de la sensualidad. La pregunta «¿resulto deseable?» empieza a compartir espacio con otras: ¿Qué despierta mis sentidos?¿Qué movimiento disfruto?¿Cómo quiero expresarme?¿Qué deseo vivir ahora? Este cambio conduce desde la valoración exterior hacia la experiencia interior. La sensualidad se convierte en una forma de escucharse y reconocerse. Cómo trabajarlo con la Danza Sensual Consciente® La Danza Sensual Consciente® investiga la sensualidad a través del movimiento, la respiración, la percepción, la intención y la presencia. Cada mujer puede explorar su propio lenguaje corporal y descubrir qué calidades expresivas conectan con ella. El objetivo consiste en ampliar la capacidad de sentir, elegir y expresarse desde el cuerpo presente. Habitar el cuerpo desde dentro Cuando la atención se dirige hacia el peso, los apoyos, la respiración, la temperatura y el tono muscular, el cuerpo empieza a sentirse desde dentro. Esta escucha reduce el protagonismo de la evaluación estética y favorece una experiencia más completa del movimiento. La pregunta principal cambia. La atención se desplaza del resultado visual hacia las sensaciones que produce cada gesto y las emociones que aparecen al movernos. Integrar las zonas que acumulan juicio El abdomen, la pelvis, el pecho, los brazos o las piernas pueden acumular vergüenza, tensión o distancia. El movimiento permite recuperar su presencia dentro del esquema corporal. Mover una zona con atención, respirarla y relacionarla con el resto del cuerpo crea nuevas asociaciones. Poco a poco, esa parte participa otra vez en la expresión, el placer y la danza. Ampliar la idea de sensualidad La sensualidad contiene muchas posibilidades. Puede ser suave, intensa, elegante, oscura, lúdica, contenida, vulnerable, firme o desafiante. También puede cambiar de una sesión a otra. Explorar diversas calidades de movimiento ayuda a descubrir cuáles conectan con el momento vital de cada mujer. Así aparece una sensualidad personal, rica y cercana a la propia experiencia. Transformar la relación con la mirada La mirada puede trabajarse como una herramienta escénica y relacional. Aprendemos a sostenerla, dirigirla, recogerla y jugar con ella. Esta práctica fortalece la presencia y permite elegir cómo queremos entrar en contacto con otras personas. El espejo también puede convertirse en un recurso consciente. La atención se dirige hacia la figura completa, la intención, la musicalidad y la manera de ocupar el espacio. El cuerpo aparece como una unidad expresiva. Recuperar el espacio propio Muchas mujeres han aprendido a reducir sus gestos, cerrar el pecho, contener la pelvis o pasar desapercibidas. La danza crea un espacio donde ensayar otras formas de presencia. Caminar con intención, ampliar un movimiento, sostener una postura o permanecer quieta ante una mirada son acciones sencillas con un gran efecto corporal. A través de ellas, la mujer experimenta su capacidad para ocupar espacio y ser vista. Escuchar los ritmos actuales La conciencia corporal incluye el cansancio, el dolor, los cambios hormonales y las necesidades de cada día. Adaptar la intensidad, el rango de movimiento o el tiempo de práctica permite mantener una relación respetuosa y precisa con el cuerpo. Esta escucha desarrolla confianza. El cuerpo se convierte en una fuente de información y cada sesión puede responder al momento presente. Una práctica para comenzar Elige una canción que despierte alguna sensación en ti. Colócate de pie y dedica unos segundos a sentir los apoyos de tus pies. Percibe la respiración y el peso del cuerpo. Empieza moviendo una sola zona: las manos, los hombros, la cabeza, el pecho o la pelvis. Busca un movimiento que produzca una sensación agradable o interesante. Repítelo varias veces y permite que crezca. Después prueba a hacerlo más lento, más pequeño o con los ojos cerrados. Si utilizas un espejo, observa la figura completa. Mira la intención, la respiración y la forma en que ocupas el espacio. Al terminar, puedes preguntarte: ¿Qué he sentido? ¿En qué momento he estado más presente? ¿Qué parte del cuerpo ha pedido más atención? ¿Qué cualidad de mi sensualidad ha aparecido hoy? Estas preguntas desplazan la atención desde la apariencia hacia la experiencia. La sensualidad como presencia No existe una edad a partir de la cual una mujer deje de tener derecho al erotismo, al placer, al juego o a la expresión sensual. Sin embargo, sí existe una cultura que vuelve menos visibles los cuerpos femeninos cuando dejan de representar juventud. Trabajar la sensualidad después de los 40 también puede ser una manera de cuestionar esa desaparición simbólica. La Danza Sensual Consciente® abre un espacio para reconocernos en movimiento, explorar el deseo sin impostarlo y construir una relación más cercana con el cuerpo presente. No pretende devolvernos el cuerpo de otra etapa. Nos invita a descubrir las posibilidades del cuerpo que somos ahora. Porque quizá la sensualidad madura no consista en intentar gustar como antes, sino en dejar de abandonarnos mientras esperamos ser miradas. Tu edad también forma parte de tu fuerza, tu historia y tu presencia. Ven a bailarla. María Scara · Ars Femina Continúa explorando tu sensualidad desde casa La sensualidad se transforma cuando pasa de la reflexión a la experiencia. Leer sobre el cuerpo puede abrir preguntas; moverlo permite descubrir respuestas propias. En la Escuela Online de Ars Femina encontrarás una amplia variedad de recursos para explorar tu sensualidad desde casa y a tu ritmo. Puedes elegir la clase que conecte contigo, repetirla tantas veces como quieras y crear tu propia rutina según tu tiempo, tu energía y tu momento vital. Cada práctica es una oportunidad para conocer tu cuerpo, ampliar tu movimiento y descubrir nuevas formas de sentirte sensual. Tu sensualidad sigue creciendo contigo. Dale un espacio dentro de tu vida. Suscríbete a la Escuela Online de Ars Femina y empieza a bailar desde casa. 🌐 www.arsfemina.com 📲 @arsfemina_online Ars Femina · Escuela de Danza Sensual Consciente®

  • Audre Lorde: el poder de lo erótico

    Serie: Biografias que inspiran Poeta, escritora, activista, mujer negra y lesbiana, Audre Lorde convirtió su experiencia personal en pensamiento político. Su obra habló del racismo, el sexismo, el deseo, la maternidad, la enfermedad, la diferencia y el silencio. Pero una de sus aportaciones más importantes fue recuperar el erotismo como una fuente de conocimiento y poder para las mujeres. Para Lorde, lo erótico iba mucho más allá de la sexualidad. Era una energía profunda relacionada con el placer, la creatividad, la sensibilidad y la capacidad de reconocer aquello que nos hace sentir vivas. ¿Qué sucede cuando una mujer aprende a escuchar esa fuerza? ¿Por qué el placer puede convertirse en una forma de conocimiento? ¿Y qué relación existe entre el erotismo, la danza y la libertad? ¿Quién fue Audre Lorde? Audre Lorde nació en Nueva York en 1934, hija de una familia procedente del Caribe. Creció en Harlem y comenzó a escribir poesía desde muy joven. En algunos momentos de su infancia utilizaba poemas que había memorizado para expresar lo que todavía le resultaba difícil explicar con sus propias palabras. Estudió Biblioteconomía, trabajó como bibliotecaria y más adelante desarrolló una extensa trayectoria como poeta, profesora y ensayista. Publicó numerosos libros de poesía y prosa en los que abordó la identidad, el amor entre mujeres, la maternidad, la injusticia social y la experiencia de habitar un cuerpo atravesado por distintas formas de discriminación. Lorde se definía como “negra, lesbiana, madre, guerrera y poeta”. Cada una de estas dimensiones formaba parte de su identidad. Su pensamiento defendía que las diferencias entre las mujeres debían reconocerse y comprenderse, en lugar de quedar ocultas dentro de una idea universal de lo femenino. Su poesía se caracterizó por la intensidad con la que unía experiencia personal y conciencia política. Para ella, escribir era una manera de transformar sensaciones, emociones y silencios en lenguaje y acción. La Poetry Foundation recoge su trayectoria y la presencia de la sexualidad y la experiencia queer en su poesía. Lo erótico como poder En 1978, Lorde presentó la conferencia “Los usos de lo erótico: lo erótico como poder” durante un encuentro sobre la historia de las mujeres celebrado en Estados Unidos. El texto se incorporó posteriormente a Sister Outsider, una de sus obras más influyentes. En este ensayo, Lorde propone recuperar una dimensión de lo erótico que había sido reducida, deformada o tratada como algo peligroso. Para ella, el erotismo es una capacidad para sentir profundamente. Aparece en la sexualidad, pero también puede estar presente al bailar, escribir, crear, trabajar, amar, conversar o participar en una experiencia que produce una sensación de plenitud. Lo erótico se convierte así en una medida interna. Cuando una mujer conoce la intensidad, el placer y la satisfacción de estar plenamente implicada en lo que hace, empieza a distinguir aquello que la nutre de aquello que la vacía. Esta idea resulta profundamente política. Una mujer conectada con lo que siente puede cuestionar relaciones, trabajos y formas de vida construidas desde la obediencia, la resignación o la desconexión corporal. Erotismo y pornografía Lorde establece una diferencia fundamental entre lo erótico y lo pornográfico. Para ella, la pornografía separa la sensación del sentimiento y convierte el cuerpo en objeto. Lo erótico, en cambio, implica profundidad, presencia, emoción y conciencia. Esta distinción sigue siendo importante dentro de la danza sensual. Una coreografía puede contener gestos sexualizados y, aun así, estar completamente desconectada de la experiencia de quien baila. También puede haber erotismo en un movimiento pequeño, una respiración, una pausa o un cambio de peso cuando la bailarina está implicada corporal y emocionalmente. La sensualidad pierde fuerza cuando se limita a representar una imagen atractiva. Adquiere profundidad cuando nace de la percepción, el deseo, la intención y la relación que la bailarina establece con su propio movimiento. El erotismo más allá de la seducción Desde esta perspectiva, lo erótico deja de organizarse alrededor de ser deseada. La pregunta ya no es solamente: “¿Cómo me ven?”, sino también: ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué me produce placer? ¿Qué despierta mi curiosidad? ¿Qué deseo expresar? ¿Qué intensidad puedo sostener? ¿Cuándo estoy presente y cuándo estoy interpretando una expectativa? ¿Qué partes de mí aparecen cuando dejo de complacer? Este cambio transforma la experiencia de bailar. El cuerpo deja de funcionar únicamente como una imagen para el público y se convierte en una fuente de información. La bailarina puede proyectarse hacia fuera mientras permanece conectada con lo que sucede dentro. Esta es una de las grandes paradojas del escenario: exponerse sin abandonarse. Erotismo, creatividad y danza La aportación de Lorde permite comprender el erotismo como una energía creadora. En danza, esta energía puede aparecer en el impulso que inicia un movimiento, en la respiración que transforma una postura o en la decisión de habitar un gesto con todo el cuerpo. Lo erótico puede encontrarse en: El placer de sentir el peso. La relación de la pelvis con el suelo. La expansión de la respiración. El contacto de la piel con el espacio. La intensidad de una pausa. La libertad de elegir cómo mostrarse. La capacidad de sostener el deseo propio. El disfrute de crear y bailar. Esta experiencia necesita escucha corporal. Cuando el movimiento surge únicamente desde la forma, puede resultar correcto y vacío. Cuando la técnica se encuentra con la sensación, la intención y el deseo, aparece una presencia distinta. Una mujer que convirtió el silencio en lenguaje Lorde también escribió sobre la necesidad de hablar, incluso cuando existe miedo. Esta idea estuvo muy vinculada a su experiencia con el cáncer de mama. Tras someterse a una mastectomía, reflexionó sobre la enfermedad, la vulnerabilidad y las presiones sociales que reciben las mujeres para ocultar las marcas de sus cuerpos. En Los diarios del cáncer convirtió su experiencia en una reflexión sobre identidad, dolor, feminidad y supervivencia. En lugar de separar cuerpo y pensamiento, Lorde escribió desde un cuerpo concreto: racializado, deseante, enfermo, amante, materno y político. Su cuerpo formaba parte de su conocimiento. Murió en 1992, a los 58 años. Su obra continúa influyendo en el feminismo negro, el pensamiento queer, la poesía, los estudios culturales y las prácticas contemporáneas relacionadas con el cuerpo y la sexualidad. Durante sus años en Berlín también tuvo una influencia importante en el movimiento de mujeres afroalemanas y ayudó a crear espacios para que sus experiencias pudieran nombrarse y organizarse colectivamente. La Universidad Libre de Berlín documenta su actividad en Alemania entre 1984 y 1992. Audre Lorde y la Danza Sensual Consciente® El pensamiento de Audre Lorde constituye una de las bases conceptuales del trabajo que desarrollamos en Ars Femina. La Danza Sensual Consciente® entiende la sensualidad como una capacidad para percibir, sentir y relacionarse con el cuerpo. El erotismo aparece como energía vital, impulso creador y forma de conocimiento. Bailar desde esta perspectiva implica desarrollar técnica y, al mismo tiempo, aprender a reconocer: Qué siento mientras me muevo. Cómo responde mi cuerpo al placer y a la exposición. Qué movimientos nacen de mi deseo. Qué gestos he aprendido para agradar. Qué límites necesito. Qué parte de mí quiero llevar al escenario. Cómo puedo ser observada sin perder mi centro. El objetivo consiste en construir una sensualidad propia, consciente y corporal. Una sensualidad que pueda contener fuerza, vulnerabilidad, placer, contradicción, sombra y presencia. Llevarlo al cuerpo Busca una canción que te produzca placer y reserva unos minutos para moverte sin preparar una coreografía. Empieza prestando atención a la respiración. Deja que el movimiento aparezca poco a poco y observa: ¿Qué parte del cuerpo quiere iniciar? ¿Qué movimiento disfrutas aunque nadie pueda verlo? ¿En qué momento empiezas a pensar en cómo te ves? ¿Qué cambia cuando vuelves a la sensación? ¿Qué sucede cuando eliges el placer como guía? Se trata de explorar la diferencia entre representar la sensualidad y sentirla. El legado de Audre Lorde Audre Lorde nos invita a pensar que el erotismo también vive en la creación, el trabajo, el movimiento y la manera de relacionarnos con nosotras mismas. Su obra desplaza el erotismo desde la apariencia hacia la experiencia. Desde el cuerpo observado hacia el cuerpo que siente. Desde la complacencia hacia el conocimiento del deseo propio. Recuperar lo erótico significa recuperar la capacidad de reconocer qué nos conmueve, qué nos nutre y qué vida queremos construir. Entrevista a Audre Lorde, 1982 Elige cómo quieres acercarte a su pensamiento: 📖 Prefiero leer Usos de lo erótico: lo erótico como poder Biografía de Audre Lorde Análisis de «Los usos de la erótica» 🎥 Prefiero ver o escuchar «Lo erótico como poder» — audiolibro en español Audre Lorde leyendo «Uses of the Erotic» Audre Lorde: pensamiento encarnado, poesía y filosofía Documental Audre Lorde: A Burst of Light

  • El cuerpo como imagen artística

    El cuerpo es una de las materias más antiguas del arte. Antes de la escritura, las personas ya modelaban figuras humanas, pintaban siluetas y dejaban la huella de sus manos sobre la piedra. A través del cuerpo, el arte ha hablado de belleza, deseo, poder, identidad, enfermedad, maternidad, violencia, placer, envejecimiento y muerte. Sin embargo, representar un cuerpo y trabajar artísticamente desde el cuerpo son acciones diferentes. Durante siglos, especialmente en el caso de las mujeres, el cuerpo apareció como una imagen creada para ser contemplada. El arte contemporáneo abrió otras posibilidades: el cuerpo también podía actuar, decidir, dejar huellas, incomodar, construir relatos y producir su propia mirada.

  • Mujeres artistas que utilizaron su cuerpo como obra

    Durante siglos, el cuerpo femenino ocupó un lugar central en la historia del arte, casi siempre como imagen creada por otros. Musas, vírgenes, diosas, amantes y desnudos fueron pintados y esculpidos desde una mirada principalmente masculina.

  • Vanessa Ferlito en Death Proof: el mejor lap dance de la historia del cine tiene barriga, celulitis y presencia

    En Death Proof (2007), Quentin Tarantino convierte un lap dance en una escena de tensión, deseo y amenaza. Vanessa Ferlito interpreta a Arlene, conocida como Butterfly, una joven que termina bailando para Stuntman Mike, el inquietante personaje de Kurt Russell.

  • Videodanza y cuerpo frente a la cámara

    Bailar delante de una cámara implica entrar en un lenguaje distinto al del escenario. En una sala, el público contempla el cuerpo completo y decide dónde dirigir su atención. En una videodanza, la cámara selecciona la mirada: puede acercarse a una mano, seguir una respiración, cortar un movimiento o unir espacios que nunca estuvieron conectados. La pieza final nace del encuentro entre movimiento, interpretación, encuadre, luz, espacio, sonido y montaje. La cámara deja de ser una espectadora y se convierte en compañera coreográfica.

  • La sensualidad en el cine: el arte de construir el deseo

    La sensualidad cinematográfica depende menos de la cantidad de piel que aparece en pantalla y más de cómo una película organiza la mirada, el tiempo y la cercanía entre los cuerpos.

  • Erotismo y desnudo: ¿son lo mismo?

    El erotismo y el desnudo suelen aparecer juntos, aunque representan experiencias diferentes. Un cuerpo puede estar completamente desnudo y transmitir serenidad, vulnerabilidad, fuerza o naturalidad. También puede existir una escena profundamente erótica con el cuerpo vestido.

  • El cuerpo femenino en la historia del arte: de cuerpo observado a cuerpo que mira

    El cuerpo femenino ha ocupado un lugar central en la historia del arte. Ha sido diosa, madre, musa, objeto de deseo, símbolo de pecado, territorio político, mercancía, escándalo y materia de creación. Durante siglos apareció en pinturas, esculturas y relatos construidos principalmente por hombres. La mujer estaba presente en la imagen, mientras su propia mirada quedaba fuera del encuadre.

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