Colette: deseo y libertad
- 28 jul
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Serie: Biografías que inspiran
Colette escribió sobre el deseo femenino como una experiencia vivida desde el cuerpo. En sus novelas aparecen el olor de una piel, la textura de una prenda, el calor de una habitación, los celos, el placer, la diferencia de edad, la ambivalencia amorosa y ese momento en el que una mujer descubre que puede elegir.
Su obra surgió de una vida atravesada por la literatura, el teatro, las relaciones con hombres y mujeres, la maternidad, el escándalo y una constante construcción de sí misma.
Antes de firmar sus propios libros, escribió para que otro hombre figurara como autor. Antes de ocupar un lugar central en las letras francesas, actuó en cabarés con el cuerpo parcialmente desnudo. Antes de recibir funerales de Estado, provocó la intervención de la policía con un beso entre dos mujeres sobre el escenario.
Colette hizo de su existencia una materia artística.
De la naturaleza de Borgoña a los salones de París
Sidonie-Gabrielle Colette nació el 28 de enero de 1873 en Saint-Sauveur-en-Puisaye, una localidad de Borgoña.
Su madre, conocida como Sido, fue una figura decisiva en su educación. Era una mujer vital, observadora y profundamente conectada con la naturaleza. Enseñó a su hija a prestar atención a los animales, las plantas, las estaciones y los cambios de la luz.
Esa educación sensorial permaneció en la escritura de Colette. Sus textos permiten tocar, oler y saborear lo que describen. Un jardín contiene tanta intensidad como una historia de amor. Un gato posee carácter, deseo y voluntad. Un cuerpo envejecido conserva memoria, placer y belleza.
En libros como Sido y La casa de Claudine, la infancia aparece como un territorio corporal. La naturaleza participa en la formación de la identidad y el deseo.
Willy: escribir bajo el nombre de un hombre
A los veinte años se casó con Henry Gauthier-Villars, conocido como Willy, un escritor, editor y personaje influyente de la vida cultural parisina. Era catorce años mayor que ella.
Willy descubrió el talento literario de su esposa y la animó a escribir sus recuerdos escolares. De aquel material nació Claudine en la escuela, publicada en 1900 con la firma de Willy.
El libro alcanzó un éxito enorme.
Claudine era inteligente, insolente, sensual y difícil de domesticar. Expresaba atracción por otras jóvenes y cuestionaba la autoridad de los adultos. Su personalidad generó toda una industria: perfumes, cuellos, uniformes y productos con su nombre.
Colette escribió otras novelas de la serie mientras Willy continuaba figurando como autor. La relación mezclaba creación, dependencia económica, control y explotación intelectual. La Biblioteca Nacional de Francia conserva manuscritos que permiten observar la participación directa de Colette en aquellas obras. Comenzó a firmar únicamente como Colette a partir de 1921. Biblioteca Nacional de Francia
Recuperar su nombre fue también recuperar la propiedad de su voz.
Una mujer que decidió vivir de su cuerpo
Colette se separó de Willy en 1906. Tenía treinta y tres años y necesitaba sostenerse económicamente.
Eligió el music hall.
Trabajó como actriz, bailarina y mimo en teatros como el Moulin Rouge, el Bataclan y el Théâtre Marigny. Actuó con prendas ligeras, apareció vestida únicamente con una piel de pantera y representó escenas cargadas de erotismo.
La escritora respetada de los años posteriores fue antes una artista itinerante que conoció desde dentro la disciplina física del escenario: ensayos, camerinos, cansancio, lesiones, viajes y exposición pública.
En La vagabunda, publicada en 1910, trasladó esa experiencia a la literatura. Su protagonista, Renée Néré, es una artista divorciada que trabaja en el music hall y debe elegir entre una nueva relación amorosa y la independencia que acaba de conquistar.
El amor aparece como deseo y también como posible renuncia a sí misma.
La Biblioteca Nacional de Francia considera La vagabunda una obra clave dentro del proceso de emancipación personal y artística de Colette. BnF: La Vagabonde
El beso que provocó un escándalo
Durante aquellos años, Colette mantuvo una relación con Mathilde de Morny, marquesa de Belbeuf, conocida como Missy.
Missy vestía habitualmente con ropa masculina y habitaba una expresión de género que desafiaba las convenciones de la época. Juntas crearon Rêve d’Égypte, una pantomima representada en el Moulin Rouge en enero de 1907.
Missy interpretaba a un arqueólogo. Colette aparecía como una momia que despertaba. Al final de la pieza, ambas se besaban.
El beso desencadenó gritos, insultos y altercados entre el público. La policía intervino y las siguientes funciones fueron suspendidas.
Más allá del escándalo, aquella acción contenía una afirmación poderosa: dos mujeres expresaban su deseo en un espacio público. El cuerpo femenino dejaba de ser únicamente una imagen construida para la fantasía masculina. También podía actuar, elegir, desear y dirigirse hacia otra mujer.
La escena forma parte de la historia del music hall, de la performance y de la visibilidad sexual. British Film Institute
Escribir el deseo desde dentro
Colette describía el deseo a través de sus manifestaciones físicas: la espera, el rubor, el olor, el tacto, la fatiga, los pequeños gestos y el cambio que se produce en el cuerpo cuando aparece alguien deseado.
Sus personajes femeninos sienten atracción, celos y placer. También se contradicen. La experiencia erótica incluye poder, dependencia, curiosidad, memoria y pérdida.
Su escritura resulta sensual porque presta atención.
En lugar de presentar cuerpos perfectos, escribe cuerpos concretos. Cuerpos jóvenes y maduros, deseados y cansados, seguros y vulnerables. La sensualidad surge de la relación con el mundo: comer, descansar, acariciar un animal, cuidar la piel, contemplar un jardín o sentir la presencia de otra persona.
Para Colette, el cuerpo guarda información. Sabe que una relación ha terminado antes de que la mente formule la despedida. Reconoce el deseo antes de que las normas sociales lo clasifiquen.
Chéri: el erotismo de una mujer madura
En Chéri, publicada en 1920, Colette narra la relación entre Léa de Lonval, una cortesana cercana a los cincuenta años, y Fred Peloux, un joven conocido como Chéri.
Léa posee experiencia, dinero y autoridad. Chéri aporta juventud, belleza y dependencia afectiva. Cuando él se casa con una mujer de su edad, ambos descubren el peso emocional de su vínculo.
La novela sitúa a una mujer madura en el centro del deseo. Su edad forma parte de su erotismo y también de su conflicto. Léa observa los cambios de su rostro y de su cuerpo con lucidez, ironía y dolor.
Colette evita idealizar el amor. Examina cómo la juventud, el poder económico, la costumbre y el miedo a la pérdida intervienen dentro de una relación.
Años después publicó El fin de Chéri, donde el personaje regresa de la Primera Guerra Mundial incapaz de reconocerse en el mundo que encuentra. El deseo perdido se transforma en memoria obsesiva.
Una relación que también exige una lectura crítica
La vida de Colette contiene episodios que requieren algo más que admiración.
Durante su matrimonio con Henry de Jouvenel mantuvo una relación con Bertrand de Jouvenel, hijo adolescente de su marido. Bertrand tenía alrededor de dieciséis años y Colette se acercaba a los cincuenta.
La diferencia de edad y la posición familiar crean una relación atravesada por una clara asimetría de experiencia y poder. Su estudio desde el presente permite reconocer que la libertad sexual también requiere responsabilidad, conciencia de los límites y atención a la capacidad de decisión de cada persona.
Parte de aquella experiencia aparece reelaborada en El trigo verde, novela sobre el despertar sexual y la relación entre un adolescente y una mujer adulta.
La obra de una creadora puede resultar valiosa y, al mismo tiempo, convivir con decisiones personales que merecen una lectura crítica. Colette fue una mujer transgresora, compleja y llena de contradicciones.
Cuerpo, edad y deseo
Uno de los aspectos más actuales de Colette es su forma de escribir el envejecimiento femenino.
Sus personajes perciben las transformaciones del cuerpo y continúan sintiendo deseo. La madurez aparece como una etapa con inteligencia erótica, experiencia y capacidad de elección.
En El nacimiento del día, Colette construye una narradora madura que reflexiona sobre el amor y la posibilidad de orientar la energía hacia la escritura, la naturaleza y la contemplación. La libertad se desplaza desde la conquista amorosa hacia una relación más profunda consigo misma.
Durante sus últimos años sufrió una artritis severa que redujo su movilidad. Instalaba su espacio de escritura en la cama y continuaba observando la vida desde su apartamento del Palais-Royal.
El cuerpo cambió y su curiosidad permaneció activa.
Colette y el cuerpo político
Colette representa una figura importante para la historia de las mujeres, aunque mantuvo una relación ambivalente con el feminismo organizado y llegó a expresar opiniones hostiles hacia las sufragistas.
Su transformación fue personal y artística. Conquistó el derecho a firmar, trabajar, administrar sus ingresos, expresar su sexualidad y escribir desde una perspectiva femenina.
También vivió dentro de las contradicciones políticas de su época. Durante la ocupación alemana continuó publicando en medios vinculados al régimen de Vichy. Su tercer marido, Maurice Goudeket, era judío y fue detenido por la Gestapo en 1941; recuperó la libertad tras varias gestiones, aunque permaneció oculto durante parte de la guerra.
Estas zonas complejas amplían su retrato: una mujer capaz de desafiar normas sexuales y literarias mientras adoptaba posiciones políticas ambiguas.
De autora clandestina a figura de las letras francesas
Colette escribió novelas, relatos, memorias, artículos, crítica teatral, guiones y un libreto para Maurice Ravel: El niño y los sortilegios.
En 1945 ingresó en la Academia Goncourt y en 1949 fue elegida primera mujer presidenta de la institución. Su carrera comenzó publicando bajo el nombre de su marido y terminó ocupando uno de los cargos literarios más prestigiosos de Francia.
Murió en París el 3 de agosto de 1954, a los 81 años. Francia le concedió funerales de Estado, un reconocimiento que recibía por primera vez una mujer francesa.
La evolución resulta significativa: la joven obligada a entregar sus páginas a Willy acabó formando parte de la memoria cultural de su país.
Una anécdota: Colette descubre a Audrey Hepburn
En 1951, Colette viajó a Montecarlo para trabajar en una adaptación teatral de Gigi. Allí vio a una joven actriz que rodaba una película: Audrey Hepburn.
Colette reconoció en ella la presencia que buscaba para su protagonista y afirmó que había encontrado a su Gigi.
Hepburn consiguió el papel en Broadway y la obra impulsó su carrera en Estados Unidos. Años después, Gigi llegaría al cine en forma de musical dirigido por Vincente Minnelli, con Leslie Caron como protagonista.
La anécdota muestra una cualidad constante en Colette: su capacidad para observar un cuerpo y percibir la personalidad escénica que contenía.
Colette y la Danza Sensual Consciente®
Colette aporta una idea fundamental a la Danza Sensual Consciente®: la sensualidad comienza en la capacidad de sentir y prestar atención.
Su universo invita a trabajar una sensualidad alejada de la exhibición automática. Una sensualidad que nace de percibir la respiración, la piel, el peso, el deseo, el placer cotidiano y la relación con el entorno.
También permite investigar diferentes edades del cuerpo femenino. La sensualidad evoluciona. A veces busca encuentro; otras veces pide independencia, descanso, juego, creación o contemplación.
Desde el cuerpo pueden explorarse algunas preguntas:
¿Cómo se mueve mi cuerpo cuando deseo algo?
¿Qué parte de mi sensualidad pertenece realmente a mi experiencia?
¿Cómo cambia mi movimiento cuando dejo de imaginar un espectador?
¿Qué relación existe entre libertad, placer y responsabilidad?
¿Qué aspectos de mi deseo todavía necesitan palabras?
Colette escribió para nombrar sensaciones que la cultura mantenía fuera del discurso femenino. Bailar puede continuar ese gesto: dar forma, ritmo y espacio a lo que sentimos.
Llevarlo al cuerpo: escribir el deseo con movimiento
Elige tres sensaciones: una textura, un aroma y una temperatura.
Cierra los ojos y recuerda cada una durante unos instantes. Observa qué parte del cuerpo responde primero.
Comienza a moverte desde esa respuesta.
Si aparece una sensación en la piel, permite que el movimiento recorra su superficie. Si surge en el vientre, deja que nazca desde el centro. Si aparece en la boca, explora el gesto, la respiración y la dirección de la cabeza.
Después elige una frase:
Deseo acercarme.Deseo alejarme.Deseo permanecer.
Baila cada frase y observa cómo cambian el peso, el espacio y el ritmo.
Para terminar, escribe cinco líneas describiendo la experiencia mediante sensaciones concretas. Habla de temperatura, respiración, contacto, presión, color o sonido.
Esta práctica une cuerpo y escritura, dos territorios que Colette mantuvo profundamente conectados.
Libros para comenzar a leerla
Claudine en la escuela. Una adolescente inteligente y provocadora descubre el deseo y desafía las convenciones de su entorno.
La vagabunda. Una artista de music hall debe elegir entre el amor y la autonomía conquistada.
Chéri. Una reflexión sobre la diferencia de edad, el deseo femenino maduro y la pérdida.
El trigo verde. Una novela sobre iniciación sexual, adolescencia y relaciones de poder.
Sido. Un retrato de su madre y de la sensibilidad hacia la naturaleza que marcó su escritura.
El nacimiento del día. Una obra sobre la madurez, el deseo y la libertad interior.
Lo puro y lo impuro. Su exploración más directa de la sexualidad, los vínculos entre mujeres, los celos y las distintas formas del amor.
La Biblioteca del Congreso reúne una selección comentada de sus principales obras y estudios sobre su trayectoria. Library of Congress
Biografías recomendadas
Secretos de la carne. Una vida de Colette, de Judith Thurman. Una biografía extensa que aborda su obra, sus relaciones y sus contradicciones.
Colette, de Claude Pichois y Alain Brunet. Un estudio documentado de su trayectoria personal y literaria.
Los mundos de Colette, dirigido por Émilie Bouvard, Julien Dimerman y Laurence Le Bras. Publicado con motivo de la exposición de la Biblioteca Nacional de Francia, reúne manuscritos, fotografías y materiales visuales. BnF Éditions
Películas y documentales
Colette (2018), dirigida por Wash Westmoreland y protagonizada por Keira Knightley. Se centra en su matrimonio con Willy, la autoría de Claudine y sus primeras experiencias escénicas y sentimentales.
Becoming Colette (1991), dirigida por Danny Huston y protagonizada por Mathilda May. Recrea su juventud, la relación con Willy y su entrada en la literatura.
Colette, une femme libre (2004), miniserie dirigida por Nadine Trintignant y protagonizada por Marie Trintignant.
Colette (1952), documental de Yannick Bellon. Tiene un valor especial porque la propia escritora aparece interpretándose a sí misma.
Chéri (2009), dirigida por Stephen Frears, con Michelle Pfeiffer y Rupert Friend. Adaptación de la relación entre Léa y su joven amante.
Gigi (1958), dirigida por Vincente Minnelli. Musical inspirado en su novela, ganador de nueve premios Óscar.
El legado de Colette
Colette hizo de la sensibilidad una forma de conocimiento.
Escribió sobre mujeres que desean, envejecen, trabajan, se equivocan y vuelven a elegirse. Defendió su firma después de haber escrito para otro. Subió al escenario cuando necesitó sostener su propia vida. Transformó sus experiencias en literatura y construyó una voz reconocible entre el placer y la lucidez.
Su libertad estuvo llena de avances, contradicciones y zonas incómodas. Precisamente por eso su figura sigue generando preguntas.
Colette recuerda que el deseo también puede ser una escritura del cuerpo: una manera de reconocer qué nos atrae, qué nos somete, qué nos despierta y qué vida queremos elegir.

